“La amplitud de pensamiento es un proceso que adquiere impulso cuando se buscan oportunidades para todos aquellos que las reclaman. Y es posible que, si se aplican la sabiduría y la paciencia, la oportunidad para todos conquiste las mentes y refrene las pasiones de la humanidad.”
Sábado, 10 febrero, 2007
Sábado, 27 enero, 2007
Reparto de Europa
Contexto: Nos encontramos en 1944. Los ejércitos rusos están empujando el frente alemán y están entrando en los Balcanes, a punto de controlar Hungría. Churchill visita a Stalin en Moscú, preocupado sobre lo que ocurrirá después de la guerra. Escribe Winston Churchill:
“El momento era propicio para la negociación, de modo que dije: «Vamos a resolver nuestros asuntos en los Balcanes. Sus ejércitos están en Rumania y Bulgaria. Nosotros tenemos allí intereses, misiones y agentes. No vamos a pelearnos por detalles. En lo que respecta a Gran Bretaña y Rusia, ¿qué les parece que ustedes tengan una supremacía del 90 por 100 en Rumania, que nosotros tengamos la misma supremacía en Grecia y que vayamos a medias en Yugoslavia?» Mientras traducían esto escribí en una cuartilla:
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Rumania:
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Rusia 90%.
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Los demás 10%
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Grecia:
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Gran Bretaña 90%.
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Rusia 10%
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Yugoslavia: 50-50%
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Hungría: 50-50%
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Bulgaria:
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Rusia 75%.
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Los demás 25%
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Le pasé la cuartilla a Stalin, que ya había escuchado la traducción Hubo una fuerte pausa. Entonces, con su lápiz azul, trazó en ella un signo grande indicando su aprobación y nos la devolvió. Todo quedó resuelto en menos tiempo del que se tardó en formularlo. [...]
Después se produjo un largo silencio. El papel con la marca a lápiz quedó en medio de la mesa. Al final dije: «¿No pensarán que resulta demasiado cínico si parece que hemos resuelto estas cuestiones, que afectan a millones de personas, con tanta ligereza? Quememos el papel.» «No -dijo Stalin-, consérvelo usted.»”
Winston S. Churchill. La Segunda Guerra Mundial (II)
Viernes, 26 enero, 2007
Ganar al tiempo
“Esta necesidad moderna de ganar al tiempo, de ocupar todos los instantes, de acelerar el ritmo al no poder extender la duración, ¿no oculta nuestra obsesión por la muerte, hábilmente disimulada tras la máscara de una agitación embriagada de sí misma?”
Eienne Klein en “¿Existe el Tiempo?”
Viernes, 22 diciembre, 2006
Unas cuantas lecturas
Llegadas estas fechas, ¿no sabes qué regalar? ¿no sabes qué leer? A continuación una pequeña lista de los mejores libros que he leído en el último año:

- Vendiendo Prosperidad, de Paul Krugman (premio Príncipe de Asturias de economía): magnífico libro para introducirte en la macroeconomía. Maravillosamente escrito y con excelentes ejemplos, te explica en qué consisten las distintas corrientes económicas, cuáles han sido sus principales logros y desastres, y cómo influye la política en éstas. Lo mejor que he leído este año. De hecho, gracias a las ideas que me ha inspirado este libro comencé este blog…
- Seis Grados de Separación, de Duncan J. Watts: trata sobre los últimos avances en teoría de redes; cómo se modelan las distintas estructuras de redes (red eléctrica, sociedad, internet, rutas aéreas, etc) y qué caracteristicas sorprendentes tienen. También me ha inspirado varios posts.
- Un Matemático Invierte en la Bolsa, de John Allen Paulos: Excelente análisis de las trampas psicológicas y numéricas que hacen que mucha gente se arruine en la bolsa, como ocurrió con el caso Enron. Explica de una manera muy sencilla y entretenida por qué la bolsa es tan difícil de predecir.
- La Segunda Guerra Mundial, de Winston Churchill: Como testigo privilegiado, gran conocedor de la materia y no menos grande orador y escritor, Churchill nos desvela muchos momentos que no conocíamos de La Segunda Guerra Mundial. Si te gusta la historia o las bibliografías de grandes personajes, este libro te encantará. Más sobre él, aquí.
- Las 22 leyes inmutables del Marketing, de Trout, Ries y Peralba: Buen y útil libro sobre el Marketing en general. Entretenido de leer.
Aunque este año 2006 he descubierto una nueva afición; la “blogosfera”, todavía me sigue aportando más un buen libro como éstos que recomiendo.
Por ello, mi consejo es que no sustituyas un buen libro por la lectura de un blog.
Domingo, 12 noviembre, 2006
Churchill, decisión salomónica
Contexto: Inglaterra está siendo sometida a duros bombardeos alemanes, en plena 2ª Guerra Mundial.
«En otra ocasión fui a Ramsgate. En ese momento se produjo un ataque aéreo y me llevaron al gran túnel, donde vivían una gran cantidad de personas de forma permanente. Cuando salimos al cabo de un cuarto de hora contemplamos los destrozos humeantes todavía. La bomba había caído sobre un pequeño hotel; no había habido heridos pero el lugar quedó reducido a un montón de vajilla, utensilios y muebles destrozados. El propietario, su esposa y los cocineros y camareros lloraban. ¿Qué había pasado con su casa? ¿De qué vivirían entonces?
He aquí un privilegio del poder. De inmediato tomé una resolución. En el tren de regreso dicté una carta dirigida al ministro de Hacienda, Kingsley Wood, estableciendo el principio de que todos los daños ocasionados por el fuego enemigo debían ir a cargo del Estado, y que había que indemnizarlos en seguida y por completo. De este modo, la carga no caería sólo sobre aquellos que habían perdido su hogar o su lugar de trabajo sino que se repartía sobre toda la nación.»
Del libro: La Segunda Guerra Mundial (I), de Winston Churchill.
Domingo, 29 octubre, 2006
Los alemanes invaden Francia
En Mayo de 1940, los alemanes, con un gran ejército de blindados, rompieron la línea Maginot, la barrera defensiva francesa a lo largo de toda la frontera con Alemania. Al poco tiempo Reynaud, el primer ministro francés, telefoneó desesperado a Churchill, diciéndole que les habían derrotado. Ese mismo día, Churchill decide viajar a París en su avión Flamingo, y se reúne con Reynaud y su estado mayor. Ésta es la historia del encuentro, contada por Churchill:
“El comandante en jefe explicó brevemente lo ocurrido. Al norte y al sur de Sedan los alemanes habían penetrado en un frente de ochenta o noventa kilómetros. El Ejército francés que tenían delante quedó destruido o se dispersó. Una gran masa de vehículos blindados avanzaba a una velocidad sin precedentes en dirección a Amiens y Arrás [...]. Detrás de las unidades blindadas, dijo, avanzaban ocho o diez divisiones alemanas, todas motorizadas [...]. El general habló quizá cinco minutos, sin que nadie dijera una sola palabra. Cuando acabó, se produjo un silencio considerable. Entonces pregunté: “¿Dónde está la reserva estratégica?” y, cambiando al francés, que usaba indistintivamente (en todos los sentidos): “Où est la masse de manoeuvre?” El general Gamelin se volvió hacia mí, sacudió la cabeza y, encogiéndose de hombros dijo: “Aucune”. Ninguno.
Siguió otra larga pausa. En los jardines del Quai d’Orsay surgía humo de grandes hogueras, y vi por la ventana a venerables funcionarios empujando hacia ellas carretillas llenas de archivos. De modo que ya estaban preparando para evacuar París. [...]
“Aucune”. Me quedé atónito. [...] Jamás se me hubiera ocurrido que un comandante que tuviera que defender ochocientos kilómetros de un frente comprometido pudiera quedarse sin una reserva de maniobra. Nadie puede defender con seguridad un frente tan amplio; pero cuando el enemigo ha lanzado una gran ofesiva que rompe la línea, uno siempre puede tener, uno siempre debe tener, una masa de divisiones para iniciar un contraataque enérgico en el moemento en el que la primera oleada de la ofensiva pierda su fuerza.[...] Y entonces resulta que no había ninguna reserva. Reconozco que fue una de las mayores sorpresas que me llevé en la vida. [...] Entonces le pregunté al general Gamelin cuándo y dónde se proponía atacar los flancos del “bulto”, y su respuesta fue: “Inferioridad de cifras, inferioridad de equipo, inferioridad de método.” Y se encogió de hombros, sin esperanzas. Sin ninguna discusión, porque no había nada que discutir.”
Del libro: La Segunda Guerra Mundial (I), de Winston Churchill.
Sábado, 28 octubre, 2006
Poder Absoluto en Gran Bretaña
Así relata Churchill cómo se tomaron las medidas de emergencia necesarias en Gran Bretaña para combatir contra Hitler (1940):
“A mis colegas ya les había parecido bien obtener del Parlamento los poderes extraordinarios para los que se había estado preparando un proyecto de ley durante los últimos días. Esta medida otorgaría al gobierno prácticamente un poder ilimitado sobre la vida, la libertad y la propiedad de todos los súbditos de Su Majestad en Gran Bretaña. En términos generales, los poderes que concedía el Parlamento eran absolutos. [...] Con respecto a las personas, el Ministro de Trabajo estaba facultado para ordenarle a cualquiera que cumpliera los servicios que se le solicitaran. [...] El control de los bienes en el sentido más amplio se impuso de la misma forma. Se instituyó el control de todos los establecimientos, incluidos los bancos, por la autoridad que conferían las órdenes del gobierno. Se podía solicitar a los empresarios que presentaran sus libros y se cobraría un 100 por 100 de impuestos sobre los beneficios extraordinarios.”
Del libro: La Segunda Guerra Mundial (I), de Winston Churchill.
Viernes, 27 octubre, 2006
Churchill, recién nombrado Primer Ministro
“En mi larga experiencia política ocupé la mayoría delos altos cargos del Estado, pero reconozco que el puesto de Primer Ministro fue el que más me gustó. [...] El poder en una crisis nacional, cuando un hombre cree saber las órdenes que tiene que dar, es una bendición. [...] Un líder que ha sido aceptado tiene que estar seguro de lo que conviene hacer, o al menos tomar una decisión al respecto. Los apoyos con los que cuenta un número uno son impresionantes. Si tropieza, hay que respaldarlo. Si se equivoca, hay que disimularlo. Si duerme, no hay que molestarlo sin necesidad. Si no sirve, hay que eliminarlo. Pero este último proceso extremo no puede realizarse todos los días y, por cierto, menos cuando acaba de ser elegido.”
Del impresionante libro: La Segunda Guerra Mundial (I), de Winston Churchill.
Martes, 12 septiembre, 2006
¿Pobre≠Rico≠Salchicha≠Baile?
Realmente, los estudios de conectividad del diccionario de sinónimos tienen una “trampa”: las palabras polisémicas.
Éstas son las verdaderas conectoras, pues te permiten saltar de un significado a otro. Por ejemplo, la palabra masa, te permitiría ir desde la palabra “Peso” hasta la palabra “Pasta”: “Peso” -> “Masa” -> “Pasta”, puesto que tiene dos significados (“la masa de una piedra” y “la masa de la pizza”).
Si estudiáramos la estructura de red anterior impidiendo estos saltos de significados, es decir, usando las palabras polisémicas en el significado que corresponde y no permitiendo saltar de significado, observaríamos los distintos grupos de significados (campos semánticos) que existen (me pregunto intrigado: ¿cuáles serán? ¿cuántos habrá?).
Los conectores o puentes entre los distintos grupos de significados serían, precisamente, las palabras polisémicas.
Lunes, 4 septiembre, 2006
Pobre=Rico=Salchica=Baile
El post anterior me dejó una pregunta en la mente:
Si, escogiendo una palabra (pobre) soy capaz, mediante sinónimos, de llegar a su antónima (rico) ¿hasta qué punto están conectadas las palabras entre sí en un diccionario de sinónimos?
Según han estudiado algunos autores, el diccionario de sinónimos es una red de mundo pequeño con estructura compacta.
Esto significa que todas las palabras están conectadas entre sí, y podemos ir desde una palabra cualquiera a otra en pocos saltos (entre 5 y 7).
Curioso resultado, ¿verdad?

