En su estudio más célebre, Stanley Milgram atrajo hacia su laboratorio de la Universidad de Yale a voluntarios con objeto de participar en un experimento sobre el aprendizaje humano. A cada participante se le presentaba al supuesto sujeto del experimento y se le pedÃa que le leyera una serie de palabras que éste debÃa repetir de memoria.
Si el sujeto cometÃa una falta, habÃa de ser castigado con una descarga eléctrica que le administraba el voluntario en el experimento. Cada error sucesivo producÃa una descarga de mayor voltaje, que llegaba a alcanzar niveles muy dolorosos e incluso letales: comenzaba con 12V y acababa con 450V. Cuando esto sucedÃa, el sujeto se ponÃa a gemir, gritar, a suplicar perdón y a retorcerse por el suelo en agonÃa.

A los voluntarios que se mostraban reacios o protestaban por lo que se les estaba pidiendo que hicieran a otro ser humano, un supervisor, de aspecto severo y enfundado en bata blanca, le indicaba imperativamente que continuara el experimento, con frases como:
- ¡Continúe, por favor!
- ¡El experimento requiere continuar!
- ¡Es absolutamente esencial que usted continúe!
- ¡Usted no tiene opción alguna! ¡Debe continuar!
En lo fundamental, sin embargo, ninguno de los participantes fue forzado a hacer nada ni amenazado con represalias. Si llegados a un punto, se negaban a continuar, el experimento terminaba sin mayores consecuencias.
Lo que el voluntariono sabÃa era que las descargas eléctricas no eran reales y el sujeto del experimento era un actor. El objetivo real del experimento era ver qué eran capaces de hacerle a otra persona individuos libres cuando se les ponÃa en situación de obedecer órdenes de terceros. Los turbadores resultados desconcertaron a Milgram:
- Todos los participantes superaron los 300V, estado en el que el sujeto comenzaba a tener estertores previos al coma.
- El 65% de los participantes administraron el voltaje letal de 450V.
Los voluntarios eran personas escogidas al azar, de entre 20 y 50 años de edad y de todo tipo de educación: los habÃa que acababan de salir de la escuela primaria a participantes con doctorados, y su conducta no rebelaba tal grado de sadismo.
Los experimentos comenzaron en julio de 1961, un año después de que Adolf Eichmann fuera juzgado y sentenciado a muerte en Jerusalén por crÃmenes contra la humanidad durante el régimen nazi en Alemania. Milgram estaba intrigado de cómo un hombre completamente normal e incluso aburrido y que no tenÃa nada en contra de los judÃos podrÃa ser activo participe del Holocausto.
Milgram creó una pelÃcula documental que demostraba el experimento y sus resultados, titulada Obediencia, cuyas copias originales son difÃciles de encontrar hoy en dÃa. Pude ver una parte en el documental “Enron, los chicos más listos de la sala.” y es realmente impresionante.
VÃas: “Seis grados de separación” y Wikipedia